Las redes, el nuevo muro de las lamentaciones

Pedro: Hola hermano, supongo que estarás acostumbrado a que desde el primer segundo que abres Facebook o Twitter ya veas las primeras reflexiones y un sinfín de quejas que atestan la línea temporal ¿verdad?. Pues te traigo una mala noticia, aunque tú ya lo sabrás, esas buenas intenciones tan creativamente escritas o esos ingeniosos memes no arreglarán el problema.

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El lenguaje y las madres

Esta pasada noche mientras me llegaba el sueño con los ojos ya medio cerrados recordé a mi madre enseñándome a leer en la cama de matrimonio donde dormía con mi padre. Vi perfectamente esa escritura de caligrafía y esas ilustraciones de las cartillas para aprender a leer. 

Ese bicho chillaba mucho anoche.

Lola toma tila. 

Sin embargo fue un recuerdo apacible, casi inspirador, de unas oraciones sobre un pato y una pata los que me hicieron comprender por aquellos años que en breve, por fin, aprendería a leer. Y lo pensé: que bonita es la sensación de saber que algo bueno está apunto de suceder, y además que sucederá irremediablemente. Se lo dije a ella, que esa noche había decidió quedarse a dormir en mi casa sin que por eso tuviéramos que follar. Vino andando desde Nervión a Triana. 

Le dije: Una madre y el lenguaje, ¿Maravilloso verdad?. 

Libros sobre el tiempo

Me han preguntado muchos amigos por dos textos que colgué ayer en Facebook relacionados con cómo se consume el “tiempo” en nuestros días. Para todos aquellos que estáis interesados en este paradigma, os recomendaré tres ensayos, de todos los libros que ido examinando sobre esta problemática.

El primero es “El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse” de Byung-Chul Han (Seúl, 1959), profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Byung-Chul Han reflexiona en este ensayo sobre la crisis temporal contemporánea, en diálogo con Nietzsche y Heidegger. La fugacidad de cada instante y la ausencia de un ritmo que dé un sentido a la vida y a la muerte, nos sitúa ante un nuevo escenario temporal, que ya ha dejado atrás la noción del tiempo como narración.

el aroma del tiempo

Este otro, aunque relacionado también con el tiempo, nos da una idea de cómo podemos luchar eficazmente para convertirnos en resistencia de esta locura. Se titula “La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad” de Josep Maria Esquirol. La resistencia íntima es un atento y profundo ensayo sobre la condición humana. Su autor nos descubre de qué modo el auténtico cuidado de uno mismo da luz y calor a los que están cerca, protegiéndoles y sirviéndoles de guía en el camino. «Reconocemos que resistencia íntima es el nombre de una experiencia, propia de la comarca de la proximidad; comarca que no es visita de un día, sino habitual estancia. Pero hoy cuesta quedarse en ella. La proximidad no se mide en metros ni en centímetros. Su opuesto no es la lejanía sino, más bien, la ubicua monocromía del mundo tecnificado. Hemos visto cómo la cotidianidad y el gesto de la casa son importantísimas modalidades de la experiencia de la proximidad».

La resistencia intima

Y por último el tercero, el libro de dónde he sacado los screenshots que he subido a Facebook y que tantos me habéis preguntado por él. El libro se llama “Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante” del joven Luciano Concheiro. Profesor de Historia del Pensamiento del Siglo XX desde los 22 y que con 24 acaba de ser finalista del 44º edición de los premios Anagrama de ensayo.
Vivimos en la era de la velocidad, hasta el punto de que el autor afirma en el arranque de este lúcido ensayo: «Si me viera obligado a señalar un rasgo que describiera la época actual en su totalidad, no lo dudaría un segundo: elegiría la aceleración. Este fenómeno explica en buena medida cómo funcionan hoy en día la economía, la política, las relaciones sociales, nuestros cuerpos y nuestra psique. El incremento de la velocidad es una mirilla por la cual, sin tener que recurrir a perspectivas reduccionistas, podemos ver –y acaso entender un poco mejor– el mundo contemporáneo y a quienes lo habitamos.»

Contra el tiempo

Con más tiempo escribiré una entrada profundizando sobre el último libro que todavía no he terminado de leer. Pero al menos para todos aquellos que os interese este tema, estos tres libros que os cito pueden ser un buen comienzo para ir abriendo apetito –y profundizando-, en está clase de ensayos relacionados con la sociedad actual como un paisaje patológico de trastornos neuronales.

Fotografía, literatura, ejercicio y meditación o cómo mantener el león a raya para que no te coma

Paisaje

Puede ser que a nadie le importe lo que voy a escribir. O que realmente a quien le importe sea a mí. No obstante yo lo cuento. Lo más que puede llegar a pasar es que me haga bien a mí, y de paso, le pueda ayudar a alguien que esté igual que yo.

La historia que os voy a contar trata de cómo la fotografía me llevo a la meditación, y como ésta, o mejor dicho ambas, me están aliviando de mi bruma existencial, es decir, el pensar más de la cuenta, las espirales de pensamiento, la obsesión, la neura, esos tormentos. Para no quedarnos en algo superficial os describiré el proceso de en medio, es decir, esas pequeñas islitas que saltando de una a otra me llevaron a este liviano placer. En resumen, podríamos decir que les vengo a contar como la fotografía, el ejercicio, la literatura y la meditación me ayudaron a mantener a raya a un león llamado ansiedad, aunque no del todo, lo mejor fue que me hicieron un poco "mejor persona". 

Siempre he tenido ansiedad. Yo no sabía que era la ansiedad hasta que pasaron muchísimos años. Continuamente pensaba que iba a morir de un infarto al corazón, que no llegaría muy lejos y que no cumpliría los 30. Creía, con diez añitos, que el no dormir, mis ruidos en el estomago, mis extrasístoles en el corazón, el tener esa bruma mortífera en la cabeza era consecuencia de que el día anterior había bebido más Coca-Cola o café de la cuenta. La cuestión es que con el tiempo todo eso desapareció, o por lo menos hasta el punto de no ser un problema en mi vida. Fue, si no recuerdo mal, a partir del día que pude escuchar de boca de un medico decir que lo que me pasaba no era nada, que no me mataría, y que no debía escuchar tanto a mi cuerpo.

La vida seguía. Fue con 31 años, una noche vieja me puse muy enfermo con una gripe terrible. Todos los miedos, angustias y temores salieron a la luz como por arte de magia, sin saber el por qué, ni para qué. Es como si de pronto todo lo que tenía recluido -desde el día que las palabras del medico me indicaron que lo que tenía era cuento-, escaparan de la mazmorra y me hicieran una emboscada violenta llena de saña: aquí estamos Pedro, somos nosotros, lo peor de lo peor, los que un día encerraste… venimos a joderte bien.

Y tanto que me jodieron, no solo viví un antes y después en mi vida -el día que con depresión (ahora sí sé que no fue solo ansiedad), me acosté en posición fetal creyéndome que me moriría esa misma noche-, sino que además continuó un año más hasta que me dieron una solución, una que intento recordar y practicar cada día que me levanto.

Correr, sí… lo que escuchas, correr, moverme, hacer ejercicio. Correr me centró, me dio paz interior, una especie de meta y objetivo cercano. Empezando a correr diez minutos, quince, treinta, una hora… cada vez que terminaba mi objetivo diario empezaba a sentir en mi cuerpo un estado de felicidad indescriptible. Corriendo me escuchaba, me hablaba, no solo era algo físico, aunque también sentía que cuidaba de mi corazón, que lo entrenaba, que también adelgazaba, en resumen, me sentía más saludable.

Y hasta el día de hoy que sigo corriendo y sigo manteniendo ésta disciplina que me ha salvado de mi pesadilla. La pregunta que os haréis seguro es: Entonces ¿Desapareció la ansiedad?

La respuesta es ¡NO!

Me ayudo a aliviar considerablemente los estados físicos-mentales que me hacían un completo invalido social, a eliminar los momentos de pánico que no me dejaban vivir, y que con su continuidad me estaban llevando a la depresión. El correr fue la base, la base solida que me ayudo a poder seguir puliendo las asperezas de la ansiedad. Ese león invisible que te alerta de que o sales corriendo o puedes acabar devorado. León, por cierto, que por mucho que intentas ver dónde se encuentra para saber en que dirección salir corriendo nunca lo llegas a ver.

La lectura aplicada a la curiosidad y el deleite de observar me llevaron un paso más allá, es entonces cuando nació el placer por el caminar, por pasear, con cámara o sin cámara, con lentitud, sin prisas, mirándolo todo y hablándome a mí mismo.

Correr (hacer ejercicio, mover el cuerpo…) es parte de la curación. Es mejor empezar a admitir que la ansiedad será parte de tu vida, pues es el camino para salir de ella, y no solamente hay que admitir esta afirmación porque está muy cerca de la realidad, sino porque también es la actitud más positiva si quieres remediarla. Es como si luchando con ella, es decir, creyendo que puedes erradicarla faltándole el respeto, agrediéndola, insultándola… no obtuvieras ningún beneficio, sino todo lo contrario. Con la ansiedad, como con muchas cosas en la vida, hay que utilizar la aceptación, una filosofía de proximidad, una resistencia intima como diría Josep Esquirol, todo esto, sazonado con una actitud Zen.

Y aquí entra la fotografía que fue tomando forma y asentándose en mí vida como el comer –o el correr-.

Lo que siempre fue un registro artístico más, un hobbie, una forma de expresarme, de hacer arte –que ya venía realizando años antes-, se convirtió en una especie de terapia que me relajaba y me daba paz.
Durante muchos años me pregunté el porqué de esto, como si eso importara, pero sí, importa y mucho cuando intentas quitarte un lastre que te invalida y no te deja vivir con naturalidad. Necesitas saber el porqué ocurren las cosas para configurar tu vida y estar seguro que mantendrás a raya la ansiedad y sus condicionantes.
Entonces llegué a la conclusión que la fotografía me relajaba porque me hacía estar en el presente,  me emplazaba en el «aquí y ahora» concentrándome en cada objeto, cosa, lugar que veía y enfocaba. Era un estado de flujo total que hacía que observara todo lo que estaba pasando a mi alrededor. Y así la fotografía, además de una “disciplina” artística se convirtió en un alivio espiritual.

Con la fotografía nació una forma paciente, sesuda y desprendida de observar las cosas, de ir más allá y no quedarse en lo meramente formal, de comprender que ocurría ahí y porqué, qué pasa y qué pasó. La fotografía fue poco a poco convirtiéndose en un diván, un acto de reflexión de mí con el entorno, con el mundo. Y fue entonces como para comprender que ocurría dentro y fuera mi cabeza -y de mi cámara-, cambié la literatura técnica, formal y de estilo por ensayos y filosofía. 

Walter Benjamin, Simone Weil, Tanizaki,Yi-Fu Tuan, Thoreau, Ralph Waldo Emerson, Leonardo Boff, Dinouart, William Hazlitt, Robert Louis Stevenson, Paul Lafargue, Mihaly Csikszentmihalyi, Roland Barthless y un largo etcétera de filósofos, humanistas, artistas, ensayistas y pensadores… La lectura aplicada a la curiosidad y el deleite de observar me llevaron un paso más allá, es entonces cuando nació el placer por el caminar, por pasear, con cámara o sin cámara, con lentitud, sin prisas, mirándolo todo y hablándome a mí mismo.

Como sin darme cuenta, poco a poco, el caminar se fue convirtiendo en un mantra físico, un paso y otro voy haciendo camino, uno y dos, pierdo la noción del tiempo... Mientras andaba, y observaba todo a mi alrededor, mis pulsaciones bajaban, entonces nacía en mí una conversación guiada, una charla conmigo mismo, relajada y complaciente, me preguntaba cosas y mi mejor yo las contestaba. El correr también se convirtió en un momento de introspección, también me hablaba mientras corría, aunque el verdadero placer fuera la meta física, el objetivo de llegar, que también requiere de concentración. Cuando corría había ritmo, respiración, tiempo… y éste era reflejado en mi cabeza como algo hipnótico.

A la meditación hay que desmitificarla, quitarle ese carácter ceremonioso, como a tantas otras cosas, y hacer de este ejercicio un entrenamiento de lo más habitual.

Cada día que pasaba, todas las aficiones –por no llamarles disciplinas-, todas las piezas de este entretenido, y complejo puzle, fueron encajando sin esfuerzos para dejar vislumbrar y formar una imagen llamada meditación.

Yo meditando, sí, quien lo iba a decir. Eso que en algún momento llegó a ser algo de iluminados y místicos se convirtió en algo mundano, y que mejor que lo mundano para hacerlo real y parte de ti.

La meditación, a todos nos ha sonado en algún momento esto a chaladura ¿verdad?, pero no. Precisamente la meditación hay que desmitificarla, quitarle ese carácter ceremonioso, como a tantas otras cosas, y hacer de este ejercicio un entrenamiento de lo más habitual.

Todos los días veo gimnasios repletos de personas entrenando el chasis del alma, es decir, el cuerpo, esa piel pegada al yo. Nadie dice nada al respecto de lo beneficioso que es moverse, sudar y hacer ejercicio, es obvio, nacemos con un cuerpo y vivimos con él durante el resto de nuestras vidas. Pero ¿y la mente? ¿la entrenamos?
Vivimos en una sociedad veloz, en la que no existe demora ni tiempo para poder pararse y pensar unos minutos. Es esperpéntico que en una sociedad altamente tecnológica, donde menos hace falta la fuerza porque ya no cazamos mamuts, se entrene más el cuerpo que la mente, cuando lo que realmente necesitaos es escucharnos a nosotros para no olvidarnos de que existimos. Pues eso es la meditación, un entrenamiento de la mente, un juego inclusive. Lo mismo que se entrena el cuerpo se entrena la mente.

¿Y para qué sirve? Para poder vivir mejor, para que los pensamientos –y la mente-, no jueguen contigo sino para que tú también juegues con ellos, es decir, que no sea la mente la única que gana la partida de ajedrez; para quitarte la obsesión, las neuras y poder tolerar las frustraciones, para aceptar la realidad; para ser mejor persona, para entrenar la compasión y comprender que no eres la única persona que sufres en el mundo; para estar atento a la vidad, para darte cuenta que en la vida existen detalles que aunque parezcan nimios son inmensos en sí mismo, y que la velocidad (y la exigencia) con la que vivimos nos han hecho no prestarle atención… para eso y muchísimo más sirve la meditación.

Al final la suma de todo esto hace que, los que necesitamos ayuda porque no vivimos tranquilos,  podamos vivir algo mejor, con más dignidad y calma. No todo el mundo necesita esto, existen personas con suerte, que están a la altura de sus circunstancias y controlan la mente, pero para los que no, no nos queda otra que estas pequeñas disciplinas.

Ojalá os haya mostrado algo de luz, y que por muy leve que sea os haya aliviado algo vuestro sufrimiento.

Sed felices.



V. Santuarios

«Todavía recuerdo cuando a principios de siglos veía, sin ningún tipo de sospecha, anuncios como los de la compañía de corredor de datos Acxiom,“Le ofrecemos una visión de 360 grados sobre sus clientes”. Una vigilancia de 360º como en una cárcel. Nunca pensé que aquel slogan pudiera ser mi cárcel. La de todos. El panóptico digital.»

Quinta entrega y última entrega de Azul azufre, que podeis ver pinchando aquí.

También, para rematar la locura, podéis ver el trabajo en la web o descargároslo en PDF.

Gracias por vuestra infinita paciencia y comprensión.

IV. La distopia - Es el futuro

Lo “digital” crece y evoluciona, como sigue evolucionando nuestro cerebro, desde tiempos pasados a nuestros días. Internet es un “cerebro” que aprende, que madura, que se hace mayor y recopila más y más datos, más información: imágenes, vídeos, coordenadas, y, además, gustos, sentimientos, historias recopiladas en las redes sociales. Esa libertad infinita que celebraba Microsoft en el disco de instalación de Windows 98 «Where do you want to go today?» Dios sea convertido en un Big data.

Lo analógico (o lo espiritual, la vida del pensamiento libre y la reflexión) queda débil y alejado, en lo mental y lo material. Cada vez existen más lugares fantasmas, esos lugares olvidados de lo analógico. ¿Cuánto tardaremos para que pase lo mismo con la realidad física que vivimos? Sus calles, sus plazas, sus avenidas... Por ejemplo, en televisión existe una horquilla de frecuencia análoga, que cada vez está más solitaria y exenta de actividad cuando “navegas” por ella. Es por culpa del apagón analógico y la era digital que convierte en un mar de barcos fantasmas lo analógico. 
Lo mismo imagino para los territorios reales, los que se tocan y se huelen; 

los que se recorren y se pisan. ¿Qué ocurre por esos mares abandonados? Esos barcos piratas que son ahora ondas de lo secreto. 

Pienso en una era en la que un “cerebro” enorme y gigante recopilará imágenes y vídeos de todos los lugares del mundo, lugares abandonados, porque no existirán personas que recorran la realidad. Sólo los más locos lo harán y en esos me fijo yo. Sólo observaremos ¿lo real? desde lo digital, desde ese Street View en el que ya no sólo podremos ver y deambular a tiempo real, sino que también podremos oler, y quien sabe qué otra cosa. Ahora -en el futuro-, la realidad está abandonada* como en el principio de los días, hace millones de años. Pero ahora observada por un gran hermano que somos nosotros mismos, vigilando una realidad que en el fondo no es real, que son 0 y 1 que van a la velocidad de la luz entre cables que hilan el planeta en una red. *“[...] los vacios monumentales que definen, sin pretenderlo, los vestigios de la memoria de un juego de futuros abandonados” que decía Robert Smithson ya no serán la tentativa del abandono antes de ser construido, será el abandono total de lo construido y lo no construido.

III. Lo real y lo irreal

El concepto perderse pierde su significado más “físico” o “real”. Si antes el estar perdido o desorientado conllevaba unos claros condicionantes corporales, ahora son eminentemente psíquicos, con una clara preponderancia de lo visual respecto al resto de sensaciones. La experiencia y la aventura del peligro en el camino desaparecen. El ojo y la mano mandan sobre el andar. «Al mundo virtual le falta la resistencia de lo real y la negatividad del otro. »³

Podríamos decir que en este ejercicio del deambular digital actúan muchas conciencias a la vez. En primer lugar podemos señalar las distintas personas que utilizan los coches, las bicicletas y triciclos que llevan las nueve cámaras montadas y que eligen cuando y a donde ir. En segundo lugar, la persona que desde su casa deambula mediante distintos dispositivos a través de un territorio grabado y convertido en archivos en el tiempo volcados en la nube digital.

Habría que hacer una diferenciación entre la “tierra” y lo “virtual”. Como diría Byung-Chul, «en el curso del giro digital abandonamos definitivamente la tierra, el orden terreno» y «categorías como espíritu, acción, pensamiento o verdad pertenecen al orden terreno». «Tampoco el pensamiento en sentido enfático es una categoría de lo digital. » Es sabida la posición negativa de Byung-Chul hacia la vida digital. Y  sobre todo, en los seres “mentalmente pobres” en los que podríamos convertirnos de seguir por esta senda. Pero si hay una realidad más o menos evidente, 

más allá de la reflexión sobre lo bueno y lo malo de lo digital, es que ya vivimos con esa realidad digital desde hace un tiempo y, obviamente, no toda es nefasta. 

Ya las cartas como la radio o la televisión u otros medios que transformaron la comunicación en sus días fueron criticados en épocas pasadas. Internet ha modificado nuestra forma de comunicarnos, informarnos y relacionarnos, además, éste hace de adalid de la libertad y la transparencia.

Llegados a este punto deberíamos debatir reflexionar sobre los efectos y beneficios de la experiencia del deambular digital y su diferencia con el transitar físico: ¿Es posible tener algún tipo una “experiencia” o “conocimiento” a través del deambular digital? ¿Se puede transformar el paisaje a través del deambular digital, es decir, podría existir intervencionismo?

Es cierto que la experiencia cambia cuando somos conscientes de que no existe peligro físico. Además determinados sentidos como, en primer lugar, el olfato y el tacto, y menos determinantes, el gusto y la vista, se verían no solo transformados, sino sepultados por lo digital. «No es posible ninguna experiencia sin dolor, sin negatividad de lo otro, en el exceso de positividad.[…] » También el concepto de “perdido” se vería transformado en cierta medida ya que «Cercanía y lejanía también pertenecen al orden terrenal.» A la comunicación digital le es extraño el «dolor de la cercanía de lo lejano».

³ La sociedad de la transparencia Byung-Chul Han p. 79. 
⁴ En el enjambre Byung-Chul Han p. 77.
⁵ En el enjambre Byung-Chul Han p. 80.
⁶ En el enjambre Byung-Chul Han p. 79.
⁷ M. Heidegger, Conferencias y artículos, cit., p. 154.

Puedes ver la serie de fotos aquí.

II. Imitaciones — Del Menhir al Markers

Ahora el antiguo Menhir, revolución de la primera arquitectura del ser humano, se ha transformado en el símbolo rojo del markers de Google Maps que sirve para señalar las distintas búsquedas que hacemos en Google Maps y decirnos “es aquí”. Es tal su popularidad que se ha convertido en el símbolo de la localización.

Éste ya no sirve sólo para señalar un único “es aquí”, sino que puede funcionar como contenedor de información y, acompañado de las facilidades del servicio de Google Maps, decirnos: “es aquí y además ocurre esto”. En resumen, funciona como signo del “es aquí”, además revela los atributos de la empresa o compañía que marca y, por último, muestra los valores de Google.

Francesco Careri afirma en El andar como práctica estética que es bastante probable que los viejos menhires funcionasen como un sistema de orientación territorial fácilmente inteligible para quienes conocían su lenguaje. Una especie de guía esculpida en el paisaje que conducía al viajero hasta su destino, llevándolo de una señal a la siguiente a lo largo de las rutas intercontinentales.

El menhir para el neolítico significó una nueva presencia en el espacio, significó la revolución arquitectónica y el paso del dibujo de las pisadas al objeto que marca. De forma similar, el markers de Google es para la era digital un nuevo menhir transformado en un símbolo, no solo comercial,
que nos guía.

I. La reflexión — El principio de todo

La estética del andar en la urbe alcanza una nueva dimensión debido a internet. Aunque realmente quien ha hecho posible esta transformación es una compañía multinacional estadounidense llamada Google Inc. Uno de los servicios que ha conseguido que esta actividad se transforme en un “Deambular digital” es Google Maps: un servidor de aplicaciones de mapas en la web, en concreto, una de las característica de este servicio: Street View. Esta aplicación proporciona panorámicas a nivel de calle (360 grados de movimiento horizontal y 290 grados de movimiento vertical), permitiendo a los usuarios ver partes de las ciudades seleccionadas y sus áreas metropolitanas circundantes.

Es por todo ello que nace una nueva “forma” del deambular que transforma por completo algunas reflexiones alcanzadas por dadaístas, surrealistas, letristas y situacionistas en el pasado.La práctica de la transurbancia ahora se transforma en un hábitat digital.

El sujeto pasa de estar en movimiento en un plano a estar físicamente anclado en un lugar, delante de una pantalla, en una habitación en la que no existe movilidad. Para buscar y moverse en el terreno utiliza sus manos, tomando importancia sus dedos. Por ello la psicogeografía, es decir, el «entender los efectos y las formas del ambiente geográfico en las emociones y el comportamiento de las personas»¹, puede adquirir un nuevo sentido gracias a la experiencia del deambular digital.

Con Street View o Google Earth y las “nuevas” características que poseen sus servicios no solo podemos pasear virtualmente en el pasado más reciente –a tiempo real no, por ahora-, sino que además podemos viajar en el tiempo y vivir “experiencias” en un entorno pasado y congelado. Ahora podemos controlar el deambular en el tiempo, examinar la mutación que ha sufrido el territorio a lo largo de los años en un tiempo específico limitado y marcado por Google. Internet «no está pensada para olvidar»²

¹ “Définitions”, en Internationale Situationniste, núm. 1, París, 1958 (versión castellana: Andreotti, Librero y
    Costa, Xavier [eds.[, Teoría de la deriva y otros textos situacionistas sobre la ciudad, MACBA/Actar, Barcelona, 1996)

² Vigilancia Liquida Zygmunt Bauman p.23.

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Azul Azufre

Hará unos años que llevo leyendo sobre la acción de caminar, de como el paseo transforma nuestra forma de pensar, de actuar, y en definitiva nuestra vida. Y es que caminar no es otra cosa que meditar.
Fue a raíz de está curiosidad, la lectura y el trabajo de algunos artistas que empecé a escribir una especie de mini ensayo o reflexión, que acompañada de la fotografía conjeturé editar en un pequeño libro sin pretensión alguna.

Ahora, después de algún tiempo reflexionando sobre si imprimirlo y hasta que punto un trabajo (o reflexión) merece la pena (y es de interés para el público) imprimirlo he decidido que  no merece la pena llevarlo al papel.

En cambio si he decidió a modo de capítulos dejarlo descansar en este blog, y al final dejar la maquetación del trabajo a modo de PDF.

Gracias a mi hermano por el apoyo, a Pilar Ortega y al gran José María Sánchez Verdú por el atrevimiento a leerlo y a darme su opinión. Para esta primera entrega os dejo con el prologo que hace mi hermano a mi humilde obrita. Gracias.

En el libro-proyecto artístico que tienes entre las manos se reflexiona sobre el caminar, la acción de desplazarse a través de un contexto no sólo físico, sino también psicológico y espiritual, y la influencia de las tecnologías digitales en esta actividad. Como buen proyecto artístico, Pedro mediante su trabajo fotográfico da la oportunidad al lector de transformar sus opiniones, análisis y pensamientos en una experiencia estética de ida y vuelta.

Podría parecer que la acción de caminar o pasear es un motivo muy vulgar para tratarse en profundidad. No podríamos estar más equivocados. La acción de caminar es de las acciones más determinante de nuestra forma de vida, incluyendo nuestra forma de pensar. Como profesional del mundo de la salud puedo decir que la velocidad del caminar es un buen predictor de la esperanza de vida. La acción de caminar y las actividades sociales asociadas, como pasear, han ido transformándose con el transcurrir de los siglos radicalmente, aunque como es lógico, no seamos conscientes de estos cambios. De hecho, la idea de paseo, muy asociado al ocio y al turismo, disfruta escasamente de 150 años de historia.

El caminar se asociaba en la antigua Grecia con la búsqueda de la verdad. Los espacios de investigación y enseñanza, como el Liceo de Aristóteles o la Academia de Platón, eran espacios abiertos donde esencialmente se caminaba con el maestro y se pensaba en voz alta. La escuela de filosofía fundada por Epicuro en el extrarradio de Atenas sobre el 300 a.c., se denominaba Jardín, en realidad era un gran huerto. ¡Qué gran diferencia con nuestros centros de enseñanza! Aristóteles utilizaba con sus discípulos más avanzados un método de enseñanza mediante el cual se discutía mientras se paseaba, las denominadas

acroamáticas. Por cierto, método significa camino en griego.De hecho, palabras asociadas al concepto de pensamiento como “discurso” (cursos significa correr), “discurrir” (correr por varías vías), “investigar” (tras una huella), y alguno más, están directamente relacionados con el caminar.

Por estas razones no es extraño que Pedro termine situando la acción de caminar en un marco semiótico, al discurrir dentro de un contexto de signos, índices y símbolos. ¿Cómo trasforma lo digital nuestra forma de caminar?  ¿Cómo lo digital transforma nuestra forma de pensar? ¿Cómo lo digital modifica nuestra forma de representarnos lo real y lo irreal? Todas estas preguntas vienen irremediablemente unidas. Lógicamente, el autor no pretende responderlas. Sólo plantearlas de forma sugerente pensando libremente sobre estos aspectos mediante la utilización de una herramienta creativa como es la fotografía.

En esta obra os encontraréis con una fantasía distópica que no tiene porque darse y que, en cualquier caso, puede funcionar como advertencia. Pedro describe un posible mundo en el que la intimidad es imposible, todos nuestros datos son públicos y vigilados y del cual en cualquier momento podemos ser arrojados. Algunos lo hacen voluntariamente como último acto de libertad. Un mundo en el que la memoria se aleja de lo material, de la tierra, y en el que casi sólo habitan fantasmas. 
El interés de esta obra no reside exclusivamente en la relevancia y en la oportunidad del tema que aborda, sino en el género literario que adopta. Una de las consecuencias de la flexibilización de las condiciones de publicación, en gran parte por los avances tecnológicos y las nuevas oportunidades de autoedición, es la fusión de género.

¡Nunca más ciencia y arte, análisis y belleza, por separado, por favor!
— Francisco Javier Saavedra

Los límites entre el cómic, la novela, el ensayo, el libro fotográfico, etc., se difuminan y de este intercambio brotan, como chispas, nuevas revelaciones, nuevas experiencias y nuevo conocimiento. En el libro de Pedro, encontraréis reflexión y análisis, pero también la serena belleza de sus fotografías. La reflexión y la obra fotográfica se alimentan y dialogan mutuamente. A veces,  las imágenes dan formas a nuestras reflexiones y apaciguan la velocidad de nuestro pensamiento, otras, éste se resiste, como el aceite en medio acuoso, a dejarse diluir en la intensa luz, casi cegadora, que inunda la mayoría de las imágenes de Pedro. ¡Nunca más ciencia y arte, análisis y belleza, por separado, por favor!

Al respecto de la actividad artística, yo diría que esta obra de Pedro José, también es una reflexión y una demostración de que es posible la belleza en un mundo repleto de prácticas sociales, como el pasear, determinadas por las tecnologías digitales, las cuales abarcan incluso lo simbólico. Aun así, la belleza muta para mostrase, a lo mejor melancólica y solitaria, como por otra parte ocurrió en otros momentos históricos, pero en ningún caso derrotada. No encontraréis la siguiente frase en la obra que vais a disfrutar, pero en mi opinión estas palabras de Dostoyevski hacen latir cada página de este trabajo: “Krasota spaset Mir”, la belleza salvará al mundo.

Pedro no es un nativo digital, pero al mismo tiempo su proceso de interiorización de las prácticas sociales relacionadas con el mundo de la tecnología, que ya son casi todas las prácticas, ha sido, hasta cierto punto, natural y no forzada. Quiero decir, la situación de Pedro respecto a las tecnologías sociales de la comunicación es liminal, fronteriza, se encuentra en un punto intermedio entre lo natural, automático, dado por sí (como ocurre con mis jóvenes alumnos), y lo intencional, voluntario (como ocurre conmigo). Y como todos los antropólogos y psicólogos saben (bueno, éstos últimos lo deberían saber) en lo liminal reside lo mágico, la posibilidad, la revelación. Por eso son tan importantes para las comunidades los rituales de paso. Quizás esta obra sea un ritual de paso para Pedro. Haber recorrido la herida que separa a los nativos de los migrantes digitales otorga a Pedro una perspectiva privilegiada, que aquellos que nos encontramos a una orilla u otra de la cisura no disponemos.

Pedro es un gran autodidacta en el buen sentido de la palabra, si es que tiene algún mal sentido, en lo que respecta a la filosofía, psicología y disciplinas afines. Ha leído, reflexionado, analizado e investigado siguiendo su propio camino. Eso no quiere decir que lo haya hecho en solitario, todo lo contrario, ha dialogado conmigo, con muchos amigos y con todos los autores y autoras que ha leído. Ya veréis por la bibliografía que son de gran calidad. Lo que quiero enfatizar positivamente es que ha madurado intelectualmente libre de las constricciones de las instituciones académicas, que a veces empobrecen más que enriquecen la actividad intelectual. Yo lo sé bien, como profesor universitario, que paso más tiempo rellenando cuestionarios administrativos, discutiendo problemas organizativos o sufriendo las decisiones políticas, que pensando en voz alta con alumnado y colegas. Mucho menos paseando con mis alumnos en un Jardín como el afortunado Epicuro. A veces, cuando leo algo escrito por mí antes de mi carrera académica pienso: ¡Qué bien escribías antes! ¡Qué claro y arriesgado era tu pensamiento antes de la Universidad!

En este sentido, sin lugar a dudas, debo dar gracias a mi hermano por embarcarme en esta aventura que ha logrado que recupere parte de esta ilusión prístina.

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Dr. Francisco Javier Saavedra Macías
Profesor de la Facultad de Psicología y Enfermería de la Universidad de Sevilla.
Miembro del grupo de investigación Laboratorio de Actividad Humana (L.A.H.)