IV. La distopia - Es el futuro

Lo “digital” crece y evoluciona, como sigue evolucionando nuestro cerebro, desde tiempos pasados a nuestros días. Internet es un “cerebro” que aprende, que madura, que se hace mayor y recopila más y más datos, más información: imágenes, vídeos, coordenadas, y, además, gustos, sentimientos, historias recopiladas en las redes sociales. Esa libertad infinita que celebraba Microsoft en el disco de instalación de Windows 98 «Where do you want to go today?» Dios sea convertido en un Big data.

Lo analógico (o lo espiritual, la vida del pensamiento libre y la reflexión) queda débil y alejado, en lo mental y lo material. Cada vez existen más lugares fantasmas, esos lugares olvidados de lo analógico. ¿Cuánto tardaremos para que pase lo mismo con la realidad física que vivimos? Sus calles, sus plazas, sus avenidas... Por ejemplo, en televisión existe una horquilla de frecuencia análoga, que cada vez está más solitaria y exenta de actividad cuando “navegas” por ella. Es por culpa del apagón analógico y la era digital que convierte en un mar de barcos fantasmas lo analógico. 
Lo mismo imagino para los territorios reales, los que se tocan y se huelen; 

los que se recorren y se pisan. ¿Qué ocurre por esos mares abandonados? Esos barcos piratas que son ahora ondas de lo secreto. 

Pienso en una era en la que un “cerebro” enorme y gigante recopilará imágenes y vídeos de todos los lugares del mundo, lugares abandonados, porque no existirán personas que recorran la realidad. Sólo los más locos lo harán y en esos me fijo yo. Sólo observaremos ¿lo real? desde lo digital, desde ese Street View en el que ya no sólo podremos ver y deambular a tiempo real, sino que también podremos oler, y quien sabe qué otra cosa. Ahora -en el futuro-, la realidad está abandonada* como en el principio de los días, hace millones de años. Pero ahora observada por un gran hermano que somos nosotros mismos, vigilando una realidad que en el fondo no es real, que son 0 y 1 que van a la velocidad de la luz entre cables que hilan el planeta en una red. *“[...] los vacios monumentales que definen, sin pretenderlo, los vestigios de la memoria de un juego de futuros abandonados” que decía Robert Smithson ya no serán la tentativa del abandono antes de ser construido, será el abandono total de lo construido y lo no construido.