No es que crea que el cuchillo sea un mal invento. Reflexiones sobre las redes en las redes Vol. I

 

Sinceramente: me da pereza. Mi amigo Guillermo me dice que soy muy negativo. Puede que sea verdad, que a veces peque de un tanto nostálgico y pesimista. Pero bueno, también demasiado «yo», narcicismo y positivismo nos está volviendo locos –y depresivos-. O si no que se lo digan a Justine en Melancholia.

Son muchas cosas las que me cansan.

Cada día me atrae más la meditación, la filosofía y la astrofísica, y eso que algunas veces no puedo pasar del primer renglón, la astrofísica tiene lo suyo. Pero sí, necesito desconectar. Nunca en mis 38 años de vida, cerca de 39 –dos meses para este acontecimiento-, he leído más. Creo que esto se debe a que necesito desconectar de la actualidad.

La fotografía también ha sido para mí un método de desconexión, de evasión… Pero esta época de la actualidad que nos arrastra, en la que hay que enseñarlo todo –todo debe de ser rápido-, y uno debe de ser reconocido por casi todo, nos está engullendo en el mar de lo mundano.

Todo es para ya. La actualidad manda. Hay que mostrar.

No es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que me pregunto –y escucho amigos que se preguntan lo mismo-: Voy a dejar Facebook; o voy a desconectar de las redes. Pues bien, son pocos los que conozco, ya no solo que lo hagan, sino que gestionen las redes de una forma equilibrada, la mayoría de ellos son arrastrados por la corriente del abuso, y yo me incluyo como experto en esta falta.

Las redes sociales han servido para demostrarnos fehacientemente -con datos-, cómo la sociedad en un porcentaje amplísimo está condenado al ego. Incluso aquellas personas que siempre creímos equilibradas en ese nocivo padecimiento, tarde o temprano, caen en las redes, nunca mejor dicho, del «soy yo», en vez del «yo soy».  

Y ahí andamos, que a la mínima que hay un suceso en vez de paramos a reflexionar sobre lo acontecido se nos van las energías en intentar ser el primero en comunicar el suceso, o crear el tuit más ingenioso para que crezca nuestra “marca personal” en las redes, esto es lo más importante. No es que queramos comunicar, es que antes que el deseo de comunicar está el ansia del retorno. No hay deseo de contar, hay deseo de «like».

Me encanta la comunicación, y siempre he pensado que las redes sociales son un gran invento. Los grandes inventos tienen su cara amable y su contra más desagradable. Los inventos siempre pueden ser utilizados por gente buena o gente de dudable intención. Más allá de las intenciones, en este caso, lo que prima es la pasividad de ver como el ser humano se muestra tal y como es. Es lo que a mí me preocupa: que las redes son una herramienta, que la mayoría de las veces, saca nuestros peores vicios, y está construida para la velocidad no para la quietud.

Bendita pereza, que hace que todo vaya más lento.

Pero no podemos parar. Tenemos que comunicar. Seguir siendo ingeniosos. Necesitamos ver cómo la gente nos sigue y somos alguien. Por tus tuit te conocerán. Y no digo que no. Pero ahora son más importantes tus tuits que tus acciones. Las redes te condenan al eterno recuerdo. Mejor dicho, el recuerdo desaparece, vives en un continuo presente acumulador de vivencias. Da igual que tu pensamiento sea de hace 5 años si fuiste tú quien lo creaste, y eso se puede demostrar. Es como si se nos castigara con no poder cambiar. Estamos condenados siempre a «ser» y no a «desaparecer».

Y ahí seguimos posteando tuits del neolítico de unos y de otros: a ver qué dijo y cómo lo dijo. Mientras este país sigue realmente a la deriva. Interesante.

No es que crea que el cuchillo sea un mal invento, es que el ser humano no siempre sabe utilizarlo.