El geógrafo romántico

Siempre que salgo de mi hogar para realizar un viaje largo siempre pienso lo mismo: que lejos... Mientras que andando me voy viendo a través de las grandes lunas de los comercios de mi calle cargado con la mochila y, a punto de coger mi primer transporte, un taxi que me lleve a la estación de trenes o el aeropuerto pienso: que lejos voy; cuanto camino por recorrer; que aventura... Y despierta en mí una sensación de escalofríos y mariposas en el estomago que me sabe a gloria, me sabe a libertad. Sale el geógrafo romántico, el nómada que todo el mundo tiene dentro, pero que solo unos pocos lo sacan al exterior, lo estimulan, lo miman y lo cuidan.

Porque no todo el mundo sabe viajar, y que conste que pienso que la gente debe viajar como le de la real gana. Pero mi consejo es que cuando se viaje se haga soltando todo lo que se pueda... y aflojar, aflojar y aflojar hasta desprenderse de toda la mochila mental, no la que llevas acuesta... que a veces también. Porque las mochilas la cargamos demasiado, mochilas o maletas, yo poco a poco he ido cambiando la maleta por la mochila. Más incomoda a veces, pero siempre más «tú», tanto que a veces de tanto llevarla pegada a tu espalda se convierte en parte de ti, fundiéndose a tu piel, parte de la columna vertebral,de tu cuerpo y tu viaje.

Y llega el momento de hacer un G.C.O "Gabinete de Crisis por Olvidos," porque siempre que viajas, sobre todo cuando eres un despistado como yo, hay que valorar un porcentaje de objetos que olvidas. Por ahora van dos. Y te preocupas, y te enfadas... pero también piensas que lo obviaras, lo relativizarás en el momento que caigas hipnotizado viendo como los campos, casas, personas, coches, pueblos, nubes... pasan a toda velocidad a través de la ventana del tren.

Y piensas de nuevo: Que lejos voy; cuanto camino por recorrer; que aventura...

Geografo Romantico