Viajes

Países en el limbo. Un viaje al pasado más soviético.

A los que nos gusta viajar empujados por la curiosidad no nos vale viajar a Londres, París, Roma o Berlín… pensamos que esos lugares siempre permanecerán ahí o no se moverán nunca. A los viajeros –que no turistas: muy importante este apunte-, lo que nos gusta es experimentar y descubrir lugares de los que todavía se ha escrito poco, que son desconocidos, inexplorados, que los cubre un aura de exotismo o, por qué no, una pizca de temor, «Lo que le da valor al viaje es el miedo. » decía Albert Camus (Carnets, 1, 1935-1942)

Después de que la curiosidad me llevará a lugares como Corea del Norte, Palestina, Irán –está última ya no tan desconocida-, el sur del Líbano, Chernobyl, Moldavia, y un largo etcétera… me decanté por empezar a conocer los países que no son países, o siendo más concretos y técnicos: todos aquellos estados que no tienen reconocimientos mayoritarios dentro de la comunidad internacional.

Estos dos países son: Transnistria, un territorio ubicado principalmente entre el río Dniester y la frontera oriental de Moldavia con Ucrania y reconocida internacionalmente como una parte de la República de Moldavia, aunque está controlada por el gobierno separatista, que declaró la independencia en 1990. Y el otro país es Abjasia, ubicado en la vertiente suroccidental de la cordillera del Cáucaso, al noreste del mar Negro, cuya capital es la ciudad de Sujumi. Es una república independiente de facto desde 1992; sin embargo, Georgia y la inmensa mayoría de la comunidad internacional la consideran una república autónoma perteneciente a ese país, mientras que Rusia, Nicaragua, Venezuela, Nauru y Siria la consideran un Estado independiente.

El motivo de este articulo no es daros consejos para poder viajar a estos «no-lugares» (Dicho sin desprecio alguno), sino quitaros el miedo si habéis tenido alguna vez en mente visitarlo. Así que, sintiéndolo mucho, no me parare en indicaros que hice para llegar hasta allí, para eso podéis preguntarme vía email.

¿Por qué viajar a estos destinos? 

Hay varias razones, pero uno de ellos es la curiosidad. Y sí, la destaco porque es muy importante, es lo que diferencia en gran medida al turista del viajero: la curiosidad por saber que ocurre allí, corroborar que sí, que el lugar existe, saber y entender como se vive en ese lugar; a que huele ese territorio, como sabe su comida. Creo que William Burroughs describió muy bien este sentimiento cuando dijo «Lo que quiero para cenar es una lubina pescada en el lago Hurón en 1927». Otro es puramente estético, y es que si además de ser viajero te gusta la fotografía, la pintura u otra disciplina artística, la motivación de lo estético, la «belleza», serán una motivación, un plus para descubrir espacios poco contaminados con los parámetros de la estética occidental (quitando la Coca-Cola que está en todos los lugares del planeta). Aunque, ahora que pienso, existe otro impulso que no se puede pasar por alto, y ese es: el viajar al pasado. Más allá de las ideologías que estén detrás de estos países no reconocidos, poder hacer un viaje en el tiempo desde 2018 a 1970 u 80 es una pasada. Una de las cosas que más me maravilla de estos sitios es que parece que se ha parado el tiempo, a veces no se nota exclusivamente en su arquitectura, sino también en las personas, su forma de vestir, la estética, todo sigue igual, igual que en el pasado más soviético.

Edificio gubernamental con estatua de Lenin, Tiráspol, Transnistria. © Pedro J. Saavedra

Edificio gubernamental con estatua de Lenin, Tiráspol, Transnistria. © Pedro J. Saavedra

¿Es peligroso viajar a estos sitios?

Rotundamente no. Es indiscutible que son lugares un poco especiales por eso de no estar reconocidos internacionalmente, o por vivir en unas condiciones específicas, pero no vas a un lugar inseguro o que está en guerra. Por ejemplo, el Ministerios de Asuntos Exteriores de España dice esto sobre Transnistria:

Debe ser evitada la zona situada al este del río Dniéster, conocida como región de Transnistria, por tratarse de una zona fuera del control de las autoridades de la República de Moldavia desde su secesión “de facto” producida en 1990. En esta zona la posibilidad de prestar asistencia consular podría verse limitada.

O esto otro sobre Abjasia:

Se desaconseja altamente viajar a la región de Abjasia. Debido a la difícil situación de seguridad, en particular en el distrito de Gali, cerca de la línea de alto el fuego, o de la frontera administrativa, se recomienda considerar detenidamente la necesidad de viajar y obtener el consentimiento del Ministerio georgiano de Asuntos Exteriores.

La República Autónoma de Abjasia, en el noroeste de Georgia es internacionalmente considerada como parte integrante de la República de Georgia,  pero desde 1993 no está de facto bajo el control del gobierno georgiano. La situación de seguridad en esta parte del país es precaria desde entonces. Suelen acontecer incidentes. En algunas partes de la región hay campos minados no marcados.

Abjasia está cerrada para viajes internacionales. Entrar a Georgia desde Rusia o salir de Georgia hacia Rusia pasando por Abjasia está prohibido por la "ley sobre los territorios ocupados" - salvo en casos muy excepcionales y con el consentimiento previo del gobierno georgiano. Un paso fronterizo no autorizado (por ejemplo, en la frontera Psou) es considerado por las autoridades de Georgia como un cruce ilegal de fronteras a Georgia. Si posteriormente se entrara en Georgia a través de la línea de cese el fuego o las fronteras administrativas de las regiones vecinas georgianas o al intentar salir del país podrían producirse, por tanto, la detención y arresto. También en viajes posteriores a Georgia, las autoridades georgianas podrían denegar la entrada al país, en el caso de que en el Pasaporte haya algún sello de la entrada/salida ilegal Georgia/Rusia por Abjasia.

Está claro que cualquiera que lea estos comunicados, y más siendo del Ministerio de Asuntos Exteriores, no se le pasaría por la cabeza viajar allí. No obstante lo que le digo a todo el mundo es que existe otra realidad muy distinta a la que nos cuentan. No vas a Siria, Bagdad, o mucho peor, Yemen, que en estos momentos viven tres años de guerra. Además pienso, que como ciudadano libre de derecho universal, en realidad, a no ser que te impongan la fuerza bruta, tienes todos los derechos para entrar y salir en cualquier sitio del mundo.

Fotografías de personales celebres rusos en las calles de Tiráspol, Transnistria. © Pedro J. Saavedra

Fotografías de personales celebres rusos en las calles de Tiráspol, Transnistria. © Pedro J. Saavedra

De estos países, por ejemplo, hay algunos como Osetia (Situado en Georgia al igual que Abjasia), que ingresar desde Georgia es complicado si no imposible (Viable entrando desde Rusia). Pero por ejemplo los que yo conozco, Transnistria y Abjasia, son totalmente factible entrar tomando las medidas oportunas, como obtener visados y alojamientos, que puedes encontrar fácilmente por internet.

En todo momento el trato de las personas que allí viven -muchos son rusos-, es de una atención y educación exquisita, además del continuo agradecimiento al forastero por la visita. Lo normal, si lo piensas bien, es que a este tipo de países le vengan de maravilla el turismo, ya no sólo para llenar sus arcas, sino porque tener personas que visiten estos países es una forma de reconocimiento y construcción identitaria del lugar.

Cae la fría noche en los barrios de Tiráspol, Transnistria. © Pedro J. Saavedra

Cae la fría noche en los barrios de Tiráspol, Transnistria. © Pedro J. Saavedra

La primera vez que viajé a uno de estos países fue Transnistria, fui en autobús ida y vuelta desde Chisinau, capital de Moldavia y fui sentado al lado de un transnistrio que sabía ingles, sorpresa, porque la mayoría de estas repúblicas no saben ingles y saben, o su idioma (en el caso de Abjasia), o ruso, sobre todo ruso. Cuando le pregunté qué ver en Tiraspol, la capital de Transnistria, no sólo hizo que nos bajáramos con él en la parada oportuna (me acompañaba Beatriz, una aventurera), sino que nos invitó a un café y nos hizo un plano con bolígrafo azul que creo todavía conservo.

La frontera de Abjasia, por ejemplo, es más dura. La imagen que muestra es como si volviéramos a los conflictos de Europa del este en los 90: gente muy mayor cargada de bolsas, autobuses destartalados (algunos de ellos todavía con el logo de el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), que van y viene de la frontera de Abjasia a la georgiana y viceversa, además de un trato a veces vejatorio por parte de soldados abjasios a los ciudadanos georgianos que van a entrar a Abjasia.

Una vez dentro de Sujimi, la capital de Abjasia, todo es calma. La ciudad está situada en una humilde ribera exótica llena de vegetación, donde rusos con dinero vienen a pasar el verano de una forma diferente. Son educados, amables, y el trato es exquisito.

Martires abjasios en la guerra de Abjasia al oeste de Georgia, entre 1992 y 1993. © Pedro J. Saavedra

Martires abjasios en la guerra de Abjasia al oeste de Georgia, entre 1992 y 1993. © Pedro J. Saavedra

En lo que sí se parecen las dos republicas, tanto la de Abjasia como la de Transnistria, es que ambas parecen de mentira en tanto en cuanto se percibe que allí reina una vida de paz, orden y felicidad: parsimonia total.

Por ahora sigo pendiente seguir viajando por estos países que no existen, que están en el limbo o que son como una quimera. Además no son pocos, hay un listado bastante extenso. Por ejemplo, países no reconocidos por al menos un Estado miembro de la ONU están Chipre del Norte, Kosovo, la Republica de China, más conocida como Taiwán, un Estado con reconocimiento limitado; Osetia del Sur, la República Árabe Saharaui Democrática, y Abjasia.
No reconocidos por Estados no miembros de la ONU, sólo Transnistria y la república de Nagorno Karabaj. No reconocidos por ningún Estado, uno que parece sacado de un comic, se llama Somalilandia. Después está Palestina como Estado observador de la Organización de las Naciones Unidas y un sin fin territorios excluidos: pueblos no contactados que viven en sociedades que no pueden definirse como estados; micronaciones; aquellas áreas que sufren guerras civiles y otras situaciones con problemas sobre la sucesión de gobiernos; grupos rebeldes que han declarado la independencia o la de los movimientos irredentistas actuales y los gobiernos en el exilio.

Así que si eres curioso por naturaleza, que el miedo no te venza, investiga, pregunta, asesórate y sal de tu casa. No todo es tan peligroso como cuentan. Eso no significa que tengas que correr riesgos, y que te expongas hasta el punto de poner en peligro tu vida, pero siendo prudente y precavido se puede visitar casi cualquier sitio en mundo.

Anciano cruzando la frontera de Abjasia con Georgia. © Pedro J. Saavedra

Anciano cruzando la frontera de Abjasia con Georgia. © Pedro J. Saavedra

Enriquecerse es glorioso

En el libro que Pablo d’Ors le dedica a su amado Charles de Foucauld describiendo detalladamente la aventura religiosa del vizconde francés, El olvido de sí, hay una frase que subrayé concienzudamente. Ésta dice: «Occidente tendría que volver sus ojos a Oriente para recobrar así un poco de su luz.»

En este viaje que he realizado a China -ya lo sé, China es muy grande-, me he acordado en repetidas ocasiones de esta frase. Y tiene todo el sentido del mundo. Aunque solo he estado en tres ciudades, Beijing, Xi’an y Shanghái, he podido comprobar como China está viviendo un proceso de metamorfosis occidentalizadora demencial. En mi vida he visto más iPhones 6 Plus juntos, que alguno habrá que sea falso pero ¿tantos? Coches de alta gama, tiendas de moda y alta costura, centros comerciales, restaurantes de nivel…

Skyline de Shanghái.

Skyline de Shanghái.

Si digo que sé que China es muy grande es porque conozco ciudades, aún desconocidas para muchos, que no son ni Beijing, ni Xi’an, ni Shanghái, ni Hong-Kong… y que alucinaríais con los datos. Por ejemplo, «la población de Chongqing aumenta a un ritmo de 200.000 personas al año. Chongqing vivió su primer empujón de desarrollo en 1997, cuando la ciudad se separó de la provincia de Sichuan y se constituyó en municipalidad. En ese proceso, adquirió 82.400 kilómetros cuadrados de terreno adicionales. Ahora, ocupa más espacio que Austria.»¹ Una autentica monstruosidad de ciudad. Además esta sirve de experimento para las ideas del destacado catedrático y politólogo chino Pan Wei, el prestigioso economista Wang Shaoguang y el subdirector del Instituto de Ciencia Política de la Academia de Ciencias Sociales de China Fang Ning: fortalecer el Estado de derecho y consultar al pueblo sobre las principales decisiones. En China la democracia no está del todo bien vista, pero ese es otro tema a tratar.

Está claro que la ya conocida frase que en 1978 dijo Deng Xiaoping «enriquecerse es glorioso» se la tomaron muy en serio, y aunque todavía exista una brecha bastante profunda entre “ricos” y “pobres” la clase media va creciendo espectacularmente. Y esto se puede comprobar perfectamente visitando la periferia de las ciudades: hileras de rascacielos, urbanizaciones y complejos más que dignos donde viven miles y miles ciudadanos chinos.

A todo esto os preguntareis, y bueno, ¿qué tiene esto de malo? Pues según se mire. De lo poco que he visto -creo que suficiente para hacerme una idea-, tengo que decir que no me ha gustado la imagen de imitación a occidente (claro, de lo malo de occidente): la ambición feroz por el éxito, la ostentación, el poder, el lujo, lujo como concepto de “caro, grande y brillante” –¿dónde quedó la sombra?- ¿qué diría Tanizaki de todo este brillo…?

Metro en la ciudad de Beijing.

Metro en la ciudad de Beijing.

Y es ahí, viendo todo este espectáculo, donde la frase de Pablo d’Ors en boca de Charles de Foucauld me golpeaba en la cabeza una y otra vez: ¿Es esta la luz del lejano oriente?
¿No será al contrario? ¿No será qué, ahora, la vieja y arruinada Europa, arrepentida, vive inmersa en una época de mirada hacía Oriente (política y espiritual) mientras que la lejana oriente vive excitada ante la idea de consumo y éxito?     

Además, es en China dónde he podido comprobar la cara más cruel de la tecnología, hablo concretamente del móvil. He visto familias enteras reunidas con sus caras iluminadas, hipnotizadas con la pantalla de sus terminales; cientos de jóvenes sonriendo en soledad, haciéndose selfies como si fueran unos posesos… ¿Es esta la luz del lejano oriente que tenemos que recobrar?

Mark Leonard en su libro ¿Qué piensa China? dice que muy pocas cosas que suceden a lo largo de nuestras vidas se recordarán después de la muerte, pero el ascenso de China será diferente, éste resonará a lo largo de las generaciones venideras. Pues bien, cuando estas allí entiendes a qué se refiere.

Yo solo espero que al menos no pierdan esa la luz, esa luz milenaria a la que se refería Pablo d’Ors en boca de Charles de Foucauld: la de la meditación, la sombra y el silencio…

¹. Información extraída de lainformacion.com.

Sí, pero sin mezclarnos

Ya he pasado el terror a las diarreas, a que me siente mal el agua, incluso antes de ayer por la noche -y eso que yo no soy de conocer la noche en los países que visito-, salí a descubrir la diversión nocturna de Beijing a un lugar tremendamente pijo. Quitando lo cordial y el buen momento que nos hicieron pasar los amigos de mi compañero de viaje, lo más curioso que nos pasó es que un señor con una chaqueta cruzada con botones dorados dijo a mi amigo Javier que parecía un terrorista; y una bella y joven mujer rubia me abrazó efusivamente dándome besos y diciéndome conocerme del pasado. 

Es la etapa del viaje en el que empiezan a florecer los padrastros en los dedos de tanto meter y sacar objetos, entradas y billetes de los bolsillos de los pantalones. Es la etapa en que el viaje coge inercia y empiezo a tener esa dulce sensación de borrado del pasado, esas lagunas en las que no sabes cuando llegaste, tampoco piensas cuando te vas y empiezas a vivir el presente erótico del viaje. Es la etapa en el que no sabes como pudiste meter esa ropa, esos libros o esos cargadores, porque ahora no te cabe nada o la mochila pesa más con el temor que eso supone cuando la pones en la cinta para facturarla.

Empiezas a sentirte a gusto, bien, seguro... le coges el rollo al país, a su cultura, a sus modales y manías, pero también empiezas a sentirte cansado, físicamente y mentalmente agotado.

Todavía no estoy en el ecuador del viaje, me falta lo más exótico: Corea del Norte. Por ahora, aunque lo contaré con detalle más adelante, solo puedo decir que mi primera impresión de China, y más concretamente de Beijing y Xi'an, es de una ciudad muy "evolucionada" (no pase desapercibido el entrecomillado), ordenada y burocratizada...; lenta, tranquila y sin mala leche. Ellos no quieren mezclarse con el occidental, están en una especie de éxtasis neo-capitalista. Están empezando a sentir el deseo del éxito, el dinero y todas esas cosas que a los europeos, ahora, empezamos a darles un poco de menos importancia.

Sí, pero sin mezclarnos. 

Es como si a ellos, que les gusta tanto copiar, estuvieran copiando nuestro modelo, y con ello el placer de ser copiado, no de comprar lo auténtico. De ahí el de no mezclarse, el de verlo todo muy desde lejos. Pero como he dicho antes, de esto hablaré más adelante.

Ahora empieza a coger velocidad el viaje.

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El geógrafo romántico

Siempre que salgo de mi hogar para realizar un viaje largo siempre pienso lo mismo: que lejos... Mientras que andando me voy viendo a través de las grandes lunas de los comercios de mi calle cargado con la mochila y, a punto de coger mi primer transporte, un taxi que me lleve a la estación de trenes o el aeropuerto pienso: que lejos voy; cuanto camino por recorrer; que aventura... Y despierta en mí una sensación de escalofríos y mariposas en el estomago que me sabe a gloria, me sabe a libertad. Sale el geógrafo romántico, el nómada que todo el mundo tiene dentro, pero que solo unos pocos lo sacan al exterior, lo estimulan, lo miman y lo cuidan.

Porque no todo el mundo sabe viajar, y que conste que pienso que la gente debe viajar como le de la real gana. Pero mi consejo es que cuando se viaje se haga soltando todo lo que se pueda... y aflojar, aflojar y aflojar hasta desprenderse de toda la mochila mental, no la que llevas acuesta... que a veces también. Porque las mochilas la cargamos demasiado, mochilas o maletas, yo poco a poco he ido cambiando la maleta por la mochila. Más incomoda a veces, pero siempre más «tú», tanto que a veces de tanto llevarla pegada a tu espalda se convierte en parte de ti, fundiéndose a tu piel, parte de la columna vertebral,de tu cuerpo y tu viaje.

Y llega el momento de hacer un G.C.O "Gabinete de Crisis por Olvidos," porque siempre que viajas, sobre todo cuando eres un despistado como yo, hay que valorar un porcentaje de objetos que olvidas. Por ahora van dos. Y te preocupas, y te enfadas... pero también piensas que lo obviaras, lo relativizarás en el momento que caigas hipnotizado viendo como los campos, casas, personas, coches, pueblos, nubes... pasan a toda velocidad a través de la ventana del tren.

Y piensas de nuevo: Que lejos voy; cuanto camino por recorrer; que aventura...

Geografo Romantico

IRAN | عاشورا

- Video realized in November 2013 in the city of Yazd (Iran) in commemoration of Ashura.
- Recorded with the 5D Mark II and steadycam without mounted and stabilized with After Effects CC.
- Music by Armand Amar Bab Aziz B.S.O (2005)
 

۲

Ya en Albania hablábamos de ese viaje a Irán mientras M sorteaba los coches por las peligrosas autopistas. Sería a finales de noviembre, pero al final ese viaje nunca llegó. Yo estaba cansado, concretamente fuimos a la capital, Tirana, y después hicimos una escapada al sur por ciudades como Durrësi, Berati, Vlora, Gjirokastra… Llegué a España hecho trizas y me planté para pasar unas navidades tranquilas. A finales de 2011 sentí eso que llaman “envidia sana” cuando comprobé a través de las redes sociales –cuando M encontraba internet y podía saltarse la censura con Tor-, como disfrutaba de la llegada de la Ashura en la maravillosa y vieja ciudad de Yazd.

Cuando semanas antes comentaba a mis amigos sobre mi viaje a Irán, no todos lo entendían
–sobre todo mis amigas-, y no las culpo por ello. No comprendían que me produjera curiosidad –según ellas-, un país machista que “maltrata” a la mujer; un país en el que la religión lo ocupa casi todo, que es la cuna del terrorismo y el mal para occidente: ¡No sé qué se te ha perdido en ese país! –me decían con cierto disgusto.

Fue para finales de noviembre de 2013 cuando M y yo pudimos volar juntos para Teherán. Para M ya era la tercera vez, para mí la primera. Sacamos un visado urgente. Un folio impreso de un email para entregarlo a la llegada bastaría para darnos permiso y poder entrar en ese país tan hermético.

La Ashura era el propósito del viaje, conocerla, comprenderla, vivirla y después fotografiarla en la milenaria ciudad de Yazd (یزد), una de las ciudades más antiguas y de mayor importancia histórica de Irán. Así lo venía haciendo M en estos dos años atrás. No obstante para mí sería algo más que eso, para mí sería el poder comprobar si Irán es realmente lo que nos cuenta la prensa en el mundo occidental, prensa la mayoría controlada por agencias de medios estadounidenses.

La Ashura es una “festividad” religiosa islámica, sobre todo “celebrada” en el ámbito del chiismo, que se honra en el décimo día del mes de Muharram, primero del calendario lunar islámico. Para los musulmanes sunitas Ashura es un día de ayuno. Pero para los chiíes es algo más, mucho más, es el recuerdo del asesinato del Imán Husein, al que consideran sucesor legítimo del profeta Mahoma, del que era nieto.

 

۳

Salimos de Málaga e hicimos escala en Estambul, y de Estambul -con un viaje que todavía recuerdo como mi peor experiencia en las nubes-, llegamos al Aeropuerto Internacional “Imán Jomeini” en Teherán. En las horas que estuvimos esperando en la puerta de embarque conocimos al que fue nuestro primer eje del viaje.

Todo era silencio y de repente una voz…

- ¿Españoles?

Fueron las primeras palabras con acento argentino que salieron de un hombre de unos cuarentaitantos años, metro noventa de estatura, pelirrojo y barba poblada. –Sonreía-

- ¿Venís por trabajo?

No entendía que viniéramos a Irán a conocer la Ashura, no estaba acostumbrado a ver gente que viajara a Irán como no fuera por trabajo.

Su nombre era Sheij Suhail Assad, hijo de inmigrantes libaneses, con estudios en Teología islámica en La Universidad Imam Jomeini en Qom y con un doctorado en Mística Islámica de La Universidad de Beirut. Además yo lo conocía de verlo en la cadena de televisión Hispan TV - antes de que la cerraran debido a las medidas de embargo de la UE contra Irán-, mientras corría en la cinta del gimnasio donde iba en Sevilla (así se lo dije).

Nos dio una tarjeta y quedamos en vernos en Qom a la vuelta de Yazd –fue una gran sorpresa-. Qom es la más santa de las ciudades del país, el centro mundial del chiísmo. Es como si fuera el Vaticano del Islam, está todo repleto de escuelas coránicas. Es donde va todo el mundo a estudiar la versión chií del islam. Gracias a él nuestra visita a Qom fue distinta, pudimos entrar en algunos lugares sagrados, mezquitas, etc... De ir solos hubiera sido muy difícil.

Eran las 3:30 AM -hora a la que llegan la mayoría de los vuelos procedentes de España-, cuando aterrizamos en el aeropuerto de Iman Jomenei que estaba algo lejos de Therean. Exactamente a 30 kilómetros al sur. Me sorprendió que la autopista, hasta llegar a los primeros indicios de vida, estuviera totalmente iluminada. Era una luz amarillenta, con poca potencia, pero luz al fin y al cabo. Ya dentro de Teherán, una vez dejado atrás algunas naves, fábricas y polígonos industriales… la ciudad estaba completamente vacía. Algún coche se vislumbraba a lo lejos. Y es cuando empezaron a verse murales de jomeinis, mulas, algunos guardias revolucionarios y hombres tristes, muy tristes, con la mirada cabizbaja, la barba oscura; abatidos pero victoriosos; con el temple que da la seguridad de saber que siempre tendrán el camino hacia el cielo y la gloria asegurados.

 

۴

Al día siguiente dejamos la contaminada Teherán sin morir atropellados (un milagro), rumbo a Yazd. Pudimos coger un tren, un tren muy humano, en el que nunca estuvimos solos y pudimos charlar plácidamente con algunas personas en los vagones mientras observamos el atardecer en el inmenso desierto con los Zagros y sus altas montañas de fondo.

Y fue descansando, en el acogedor hotel bajo el cielo limpio y estrellado de Yazd, cuando echando un vistazo a las tarjetas de visitas nos encontramos con la de nuestro amigo Sheij Suhail Assad.

- ¿Por qué no lo buscamos por Youtube? Tiene que salir en Hispan TV. – Nos dijimos-

Y es cuando el chivato de Internet nos desveló que nuestro reciente amigo Sheij Suhail Assad, según algunos medios como Infobae, era “el organizador de una red de apoyo y reclutamiento por cuenta de Hezbollah en América Latina”, que tenía “prohibido el ingreso a México, dado que su nombre aparece en varias listas de vigilancia de terrorismo internacional que lo vinculan a los atentados en Argentina a principios de 1990”, “que era discípulo de Rabbani”. Otros medios como La Razón lo acusaban de estar vinculado a organizaciones terroristas, que era representante del presidente Ahmadineyad. En resumen, Internet ardía con tan solo poner su nombre.

Nos miramos… y no dudamos en ningún instante en abortar la cita en Qom.

- Oye ¿Por qué no…?

Nuestra estancia en Yazd fue una auténtica experiencia de amor, bondad, honestidad y calor de una ciudad que conmemoraba algo tan importante como es la Ashura. Señalar que en su manifestación había muchos guiños que nos recordaban a la Semana Santa de algunas ciudades del Sur. Con alguna diferencia, está que estábamos viviendo era menos radical y más abierta.

Nunca nos sentimos extraños, al revés, fue una acogida cordial y amable. Nunca se nos tuvo en cuenta nuestras creencias para poder participar en su expresión religiosa: islámica y chií. Había un especial interés porque conociéramos su religión, sus tradiciones, costumbres… para que pudiéramos, de alguna forma, poder transmitirlas a nuestro entorno. Y algo que realmente me sorprendió en cuanto al tema de la sangre, “hace ya unos años la mayoría de los sabios prohibieron ese tipo de actitud, tan lejana al verdadero espíritu de la conmemoración de Ashura y tan lejana a la verdadera cultura del Imam Husain y su levantamiento”

 

۵

El taxista paró en una rotonda. En un principio no sabíamos que pasaba. Puso el freno de mano y con paso ligero fue hacía un kiosco destartalado a unos cincuenta metros del vehículo amarillo. Iba a un paso ligero, casi corriendo, se paraba a intervalos y volvía a correr. Estaba comprando una tarjeta para poder llamar por el móvil.

Con una mano conducía, con la otra sujetaba el móvil y empezó hablar en farsi. Sheij le estaba dando el lugar exacto del hotel donde nos alojaríamos en Qom.

Fue a la hora y media que Sheij, también llamado Edgardo Rubén Assad, nos recogió con un humilde coche y con tono sonriente y su particular sorna nos dijo: Bueno chicos ¿y qué queréis hacer? Olvidaos de fiestas y alcohol… ¿Os apetece fumar unas pipas de aguas y charlar un poco…? aunque antes permitidme recoger a un paisano vuestro.

Y aquí apareció el segundo eje. Nunca pensamos que fuéramos a ver a Javi Poves, exjugador del Sporting, que en 2011 dejó el fútbol porque asentaba que estaba totalmente corrupto. Llevaba unos meses viajando y venía de vivir una experiencia “mística” en Senegal donde, según él, algo le había cambiado por completo la vida. Y ese “algo” se quedará entre nosotros.

Y allí estábamos M, yo, Sheij y Javi Poves, sentados descalzos en un sofá, en la ciudad santa del Islam chií, fumando, y entre bocanadas de vapor hablando de religión, amor, estados unidos, multinacionales farmacéuticas, Venezuela, sexo, Cuba, semillas transgénicas, Monsanto, mujeres, chadores, chemtrails y conspiraciones…

"Imagínate si las veces que piensas en sexo lo aprovecharas para otra cosa, para estudiar, para cultivar el alma. Coged el logotipo de Cola-Cola y dadle la vuelta, se lee en árabe: Ni Mahoma ni La Meca. ¡Es increíble! Nosotros amamos a nuestras mujeres y nuestras mayores aventuras se quedan en nuestra casa, en nuestra intimidad. Yo nunca dejaría mi dinero en manos de los bancos. No descarto convertirme…"

 

۶

Si conocieras Irán te darías cuenta de que no es cualquier país: no es Irak, no es Afganistán, ni Libia, ni Egipto, ni Venezuela, ni Cuba. Cuando estas dentro de él te das cuenta que lo que están contando sobre él nada tiene que ver con la realidad. Irán es gris, es frio, pero también es caliente, viejo, sabio, místico, único y guarda un secreto… La religión está por todos los lados, pero no todos son religiosos, es un país de “79.853.900 habitantes”. Veo cansancio en sus caras, eso sí. El cansancio de un país maltratado, insultado, vilipendiado, traicionado una y otra vez… pero el calor de su gente te acaricia, se siente en cada rincón. Gritan con todas sus fuerzas en silencio que no se mienta más sobre su país, que por favor se les respete, que no son unos terroristas, que necesitan descansar. Irán es su gente, su cultura milenaria, su poesía, su caligrafía, su música, su cine, y por qué no, su religión, una religión que debe madurar y hacerse con la mayoría de edad. Los iranís son persas no árabes, por si acaso te confunden. Y no la conocerás viendo la secuela de 300.

Sheij, o Edgardo, o Rubén… como queráis llamarlo, conducía sin dejar de hablarnos y bromear con sus chistes y acidez propia de un buen argentino. –Hoy tenemos una fiesta latina-, decía cuando se refería a quedar para charlar con los alumnos sudamericanos que estaban estudiando en Qom. Una de las veces hubo un silencio, nos miró fijamente y nos dijo: -¿habréis visto por internet lo peligroso que soy verdad?- nosotros le dijimos –sí, ya vemos, ¿y no tienes miedo de que te pueda pasar algo?- se hizo otro silencio...

- Sí…tengo mucho miedo...