deambular

V. Santuarios

«Todavía recuerdo cuando a principios de siglos veía, sin ningún tipo de sospecha, anuncios como los de la compañía de corredor de datos Acxiom,“Le ofrecemos una visión de 360 grados sobre sus clientes”. Una vigilancia de 360º como en una cárcel. Nunca pensé que aquel slogan pudiera ser mi cárcel. La de todos. El panóptico digital.»

Quinta entrega y última entrega de Azul azufre, que podeis ver pinchando aquí.

También, para rematar la locura, podéis ver el trabajo en la web o descargároslo en PDF.

Gracias por vuestra infinita paciencia y comprensión.

III. Lo real y lo irreal

El concepto perderse pierde su significado más “físico” o “real”. Si antes el estar perdido o desorientado conllevaba unos claros condicionantes corporales, ahora son eminentemente psíquicos, con una clara preponderancia de lo visual respecto al resto de sensaciones. La experiencia y la aventura del peligro en el camino desaparecen. El ojo y la mano mandan sobre el andar. «Al mundo virtual le falta la resistencia de lo real y la negatividad del otro. »³

Podríamos decir que en este ejercicio del deambular digital actúan muchas conciencias a la vez. En primer lugar podemos señalar las distintas personas que utilizan los coches, las bicicletas y triciclos que llevan las nueve cámaras montadas y que eligen cuando y a donde ir. En segundo lugar, la persona que desde su casa deambula mediante distintos dispositivos a través de un territorio grabado y convertido en archivos en el tiempo volcados en la nube digital.

Habría que hacer una diferenciación entre la “tierra” y lo “virtual”. Como diría Byung-Chul, «en el curso del giro digital abandonamos definitivamente la tierra, el orden terreno» y «categorías como espíritu, acción, pensamiento o verdad pertenecen al orden terreno». «Tampoco el pensamiento en sentido enfático es una categoría de lo digital. » Es sabida la posición negativa de Byung-Chul hacia la vida digital. Y  sobre todo, en los seres “mentalmente pobres” en los que podríamos convertirnos de seguir por esta senda. Pero si hay una realidad más o menos evidente, 

más allá de la reflexión sobre lo bueno y lo malo de lo digital, es que ya vivimos con esa realidad digital desde hace un tiempo y, obviamente, no toda es nefasta. 

Ya las cartas como la radio o la televisión u otros medios que transformaron la comunicación en sus días fueron criticados en épocas pasadas. Internet ha modificado nuestra forma de comunicarnos, informarnos y relacionarnos, además, éste hace de adalid de la libertad y la transparencia.

Llegados a este punto deberíamos debatir reflexionar sobre los efectos y beneficios de la experiencia del deambular digital y su diferencia con el transitar físico: ¿Es posible tener algún tipo una “experiencia” o “conocimiento” a través del deambular digital? ¿Se puede transformar el paisaje a través del deambular digital, es decir, podría existir intervencionismo?

Es cierto que la experiencia cambia cuando somos conscientes de que no existe peligro físico. Además determinados sentidos como, en primer lugar, el olfato y el tacto, y menos determinantes, el gusto y la vista, se verían no solo transformados, sino sepultados por lo digital. «No es posible ninguna experiencia sin dolor, sin negatividad de lo otro, en el exceso de positividad.[…] » También el concepto de “perdido” se vería transformado en cierta medida ya que «Cercanía y lejanía también pertenecen al orden terrenal.» A la comunicación digital le es extraño el «dolor de la cercanía de lo lejano».

³ La sociedad de la transparencia Byung-Chul Han p. 79. 
⁴ En el enjambre Byung-Chul Han p. 77.
⁵ En el enjambre Byung-Chul Han p. 80.
⁶ En el enjambre Byung-Chul Han p. 79.
⁷ M. Heidegger, Conferencias y artículos, cit., p. 154.

Puedes ver la serie de fotos aquí.

II. Imitaciones — Del Menhir al Markers

Ahora el antiguo Menhir, revolución de la primera arquitectura del ser humano, se ha transformado en el símbolo rojo del markers de Google Maps que sirve para señalar las distintas búsquedas que hacemos en Google Maps y decirnos “es aquí”. Es tal su popularidad que se ha convertido en el símbolo de la localización.

Éste ya no sirve sólo para señalar un único “es aquí”, sino que puede funcionar como contenedor de información y, acompañado de las facilidades del servicio de Google Maps, decirnos: “es aquí y además ocurre esto”. En resumen, funciona como signo del “es aquí”, además revela los atributos de la empresa o compañía que marca y, por último, muestra los valores de Google.

Francesco Careri afirma en El andar como práctica estética que es bastante probable que los viejos menhires funcionasen como un sistema de orientación territorial fácilmente inteligible para quienes conocían su lenguaje. Una especie de guía esculpida en el paisaje que conducía al viajero hasta su destino, llevándolo de una señal a la siguiente a lo largo de las rutas intercontinentales.

El menhir para el neolítico significó una nueva presencia en el espacio, significó la revolución arquitectónica y el paso del dibujo de las pisadas al objeto que marca. De forma similar, el markers de Google es para la era digital un nuevo menhir transformado en un símbolo, no solo comercial,
que nos guía.