tiempo

Las redes, el nuevo muro de las lamentaciones

Pedro: Hola hermano, supongo que estarás acostumbrado a que desde el primer segundo que abres Facebook o Twitter ya veas las primeras reflexiones y un sinfín de quejas que atestan la línea temporal ¿verdad?. Pues te traigo una mala noticia, aunque tú ya lo sabrás, esas buenas intenciones tan creativamente escritas o esos ingeniosos memes no arreglarán el problema.

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Libros sobre el tiempo

Me han preguntado muchos amigos por dos textos que colgué ayer en Facebook relacionados con cómo se consume el “tiempo” en nuestros días. Para todos aquellos que estáis interesados en este paradigma, os recomendaré tres ensayos, de todos los libros que ido examinando sobre esta problemática.

El primero es “El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse” de Byung-Chul Han (Seúl, 1959), profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Byung-Chul Han reflexiona en este ensayo sobre la crisis temporal contemporánea, en diálogo con Nietzsche y Heidegger. La fugacidad de cada instante y la ausencia de un ritmo que dé un sentido a la vida y a la muerte, nos sitúa ante un nuevo escenario temporal, que ya ha dejado atrás la noción del tiempo como narración.

el aroma del tiempo

Este otro, aunque relacionado también con el tiempo, nos da una idea de cómo podemos luchar eficazmente para convertirnos en resistencia de esta locura. Se titula “La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad” de Josep Maria Esquirol. La resistencia íntima es un atento y profundo ensayo sobre la condición humana. Su autor nos descubre de qué modo el auténtico cuidado de uno mismo da luz y calor a los que están cerca, protegiéndoles y sirviéndoles de guía en el camino. «Reconocemos que resistencia íntima es el nombre de una experiencia, propia de la comarca de la proximidad; comarca que no es visita de un día, sino habitual estancia. Pero hoy cuesta quedarse en ella. La proximidad no se mide en metros ni en centímetros. Su opuesto no es la lejanía sino, más bien, la ubicua monocromía del mundo tecnificado. Hemos visto cómo la cotidianidad y el gesto de la casa son importantísimas modalidades de la experiencia de la proximidad».

La resistencia intima

Y por último el tercero, el libro de dónde he sacado los screenshots que he subido a Facebook y que tantos me habéis preguntado por él. El libro se llama “Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante” del joven Luciano Concheiro. Profesor de Historia del Pensamiento del Siglo XX desde los 22 y que con 24 acaba de ser finalista del 44º edición de los premios Anagrama de ensayo.
Vivimos en la era de la velocidad, hasta el punto de que el autor afirma en el arranque de este lúcido ensayo: «Si me viera obligado a señalar un rasgo que describiera la época actual en su totalidad, no lo dudaría un segundo: elegiría la aceleración. Este fenómeno explica en buena medida cómo funcionan hoy en día la economía, la política, las relaciones sociales, nuestros cuerpos y nuestra psique. El incremento de la velocidad es una mirilla por la cual, sin tener que recurrir a perspectivas reduccionistas, podemos ver –y acaso entender un poco mejor– el mundo contemporáneo y a quienes lo habitamos.»

Contra el tiempo

Con más tiempo escribiré una entrada profundizando sobre el último libro que todavía no he terminado de leer. Pero al menos para todos aquellos que os interese este tema, estos tres libros que os cito pueden ser un buen comienzo para ir abriendo apetito –y profundizando-, en está clase de ensayos relacionados con la sociedad actual como un paisaje patológico de trastornos neuronales.

Sí, pero sin mezclarnos

Ya he pasado el terror a las diarreas, a que me siente mal el agua, incluso antes de ayer por la noche -y eso que yo no soy de conocer la noche en los países que visito-, salí a descubrir la diversión nocturna de Beijing a un lugar tremendamente pijo. Quitando lo cordial y el buen momento que nos hicieron pasar los amigos de mi compañero de viaje, lo más curioso que nos pasó es que un señor con una chaqueta cruzada con botones dorados dijo a mi amigo Javier que parecía un terrorista; y una bella y joven mujer rubia me abrazó efusivamente dándome besos y diciéndome conocerme del pasado. 

Es la etapa del viaje en el que empiezan a florecer los padrastros en los dedos de tanto meter y sacar objetos, entradas y billetes de los bolsillos de los pantalones. Es la etapa en que el viaje coge inercia y empiezo a tener esa dulce sensación de borrado del pasado, esas lagunas en las que no sabes cuando llegaste, tampoco piensas cuando te vas y empiezas a vivir el presente erótico del viaje. Es la etapa en el que no sabes como pudiste meter esa ropa, esos libros o esos cargadores, porque ahora no te cabe nada o la mochila pesa más con el temor que eso supone cuando la pones en la cinta para facturarla.

Empiezas a sentirte a gusto, bien, seguro... le coges el rollo al país, a su cultura, a sus modales y manías, pero también empiezas a sentirte cansado, físicamente y mentalmente agotado.

Todavía no estoy en el ecuador del viaje, me falta lo más exótico: Corea del Norte. Por ahora, aunque lo contaré con detalle más adelante, solo puedo decir que mi primera impresión de China, y más concretamente de Beijing y Xi'an, es de una ciudad muy "evolucionada" (no pase desapercibido el entrecomillado), ordenada y burocratizada...; lenta, tranquila y sin mala leche. Ellos no quieren mezclarse con el occidental, están en una especie de éxtasis neo-capitalista. Están empezando a sentir el deseo del éxito, el dinero y todas esas cosas que a los europeos, ahora, empezamos a darles un poco de menos importancia.

Sí, pero sin mezclarnos. 

Es como si a ellos, que les gusta tanto copiar, estuvieran copiando nuestro modelo, y con ello el placer de ser copiado, no de comprar lo auténtico. De ahí el de no mezclarse, el de verlo todo muy desde lejos. Pero como he dicho antes, de esto hablaré más adelante.

Ahora empieza a coger velocidad el viaje.

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