III. Lo real y lo irreal

El concepto perderse pierde su significado más “físico” o “real”. Si antes el estar perdido o desorientado conllevaba unos claros condicionantes corporales, ahora son eminentemente psíquicos, con una clara preponderancia de lo visual respecto al resto de sensaciones. La experiencia y la aventura del peligro en el camino desaparecen. El ojo y la mano mandan sobre el andar. «Al mundo virtual le falta la resistencia de lo real y la negatividad del otro. »³

Podríamos decir que en este ejercicio del deambular digital actúan muchas conciencias a la vez. En primer lugar podemos señalar las distintas personas que utilizan los coches, las bicicletas y triciclos que llevan las nueve cámaras montadas y que eligen cuando y a donde ir. En segundo lugar, la persona que desde su casa deambula mediante distintos dispositivos a través de un territorio grabado y convertido en archivos en el tiempo volcados en la nube digital.

Habría que hacer una diferenciación entre la “tierra” y lo “virtual”. Como diría Byung-Chul, «en el curso del giro digital abandonamos definitivamente la tierra, el orden terreno» y «categorías como espíritu, acción, pensamiento o verdad pertenecen al orden terreno». «Tampoco el pensamiento en sentido enfático es una categoría de lo digital. » Es sabida la posición negativa de Byung-Chul hacia la vida digital. Y  sobre todo, en los seres “mentalmente pobres” en los que podríamos convertirnos de seguir por esta senda. Pero si hay una realidad más o menos evidente, 

más allá de la reflexión sobre lo bueno y lo malo de lo digital, es que ya vivimos con esa realidad digital desde hace un tiempo y, obviamente, no toda es nefasta. 

Ya las cartas como la radio o la televisión u otros medios que transformaron la comunicación en sus días fueron criticados en épocas pasadas. Internet ha modificado nuestra forma de comunicarnos, informarnos y relacionarnos, además, éste hace de adalid de la libertad y la transparencia.

Llegados a este punto deberíamos debatir reflexionar sobre los efectos y beneficios de la experiencia del deambular digital y su diferencia con el transitar físico: ¿Es posible tener algún tipo una “experiencia” o “conocimiento” a través del deambular digital? ¿Se puede transformar el paisaje a través del deambular digital, es decir, podría existir intervencionismo?

Es cierto que la experiencia cambia cuando somos conscientes de que no existe peligro físico. Además determinados sentidos como, en primer lugar, el olfato y el tacto, y menos determinantes, el gusto y la vista, se verían no solo transformados, sino sepultados por lo digital. «No es posible ninguna experiencia sin dolor, sin negatividad de lo otro, en el exceso de positividad.[…] » También el concepto de “perdido” se vería transformado en cierta medida ya que «Cercanía y lejanía también pertenecen al orden terrenal.» A la comunicación digital le es extraño el «dolor de la cercanía de lo lejano».

³ La sociedad de la transparencia Byung-Chul Han p. 79. 
⁴ En el enjambre Byung-Chul Han p. 77.
⁵ En el enjambre Byung-Chul Han p. 80.
⁶ En el enjambre Byung-Chul Han p. 79.
⁷ M. Heidegger, Conferencias y artículos, cit., p. 154.