V. Santuarios

Todavía recuerdo cuando a principios de siglos veía, sin ningún tipo de sospecha, anuncios como los de la compañía de corredor de datos Acxiom,“Le ofrecemos una visión de 360 grados sobre sus clientes”. Una vigilancia de 360º como en una cárcel. Nunca pensé que aquel slogan pudiera ser mi cárcel. La de todos. El panóptico digital.

El negocio que se convirtió en una religión, una filosofía: el Dataísmo. Y entonces el poder no tuvo mayor reparo en aprovecharse de aquello y alentar este negocio para tener más control y vigilancia sobre el ciudadano.

«Los estados democráticos europeos compraron maquinas que permitían actuar fuera de la ley en lo que respecta a la interceptación, pues no necesitaban una resolución judicial, se limitaban a encender y a espiar y esta tecnología no puede ser espiada.» 7

Ahora entiendo ese “surrealismo” informático cuando se me congelaba el escritorio de mi ordenador, cuando a duras penas podía mover el ratón de lo lento que iba o esos reinicios injustificados.

Mientras ocurría ese surrealismo miles de datos eran enviados sin mi conocimiento a saber a quién y a dónde. Hubo un momento en que los ordenadores se hicieron cada vez más impermeables, nadie sabía ya cómo estaban montados, de que material estaban hechos y empezó la moda de poner un trozo de cinta aislante o papel pegado con fiso en nuestras webcams integradas. No nos fiábamosY en eso estoy todos los días, como en en La Caverna de Platón21, en esa dependencia tecnológica, levantándome temprano incluso cuando no tengo que ir a trabajar para vigilar los pocos locos que recorren esa realidad de lugares que fueron abandonados hace medio siglo. Y es que vivimos en «el fin de la invisibilidad y de la autonomía, los dos atributos de la privacidad»7.
Personas atormentadas que salen muy temprano de habitaciones donde reside la otra realidad, esa realidad virtual que mantiene al mundo dormido en la maraña de cables mundial. La tela de araña. Yo veo a esos locos andar cabizbajo, a lo lejos, por explanadas desoladas sin un rumbo fijo, intentando comprender porque están ahí. Buscando posiblemente el origen de su pasado real. 


Todas las comunicaciones serán vigiladas, permanentemente grabadas, permanentemente rastreadas, cada individuo en todas y cada una de sus interacciones será permanentemente identificado como tal individuo por este nuevo Establishment, desde su nacimiento hasta su muerte.
— Julian Assange

rostros.jpg

Es como si no supieran muy bien qué hacen y por qué lo hacen. Caminan supuestamente porque que son neo-reales que hartos de la vigilancia y una vida digital salen al exterior a la deriva, como acto de reivindicación. Cogen aire. Son neoluditas que atormentados por el camino que han tomado las tecnologías deciden romper con el “futuro” (ahora gris) y volver a los orígenes.

Sus caras están borradas, no tienen face, porque nos prohíben saber quiénes son; lo castigan con el anonimato, con la “no-información” o puede que con la “no-pornografía”.  Están excluidos socialmente, todavía peor, están muertos.

La gente sale de sus habitaciones para huir del ruido tecnológico. Necesitan el paseo como reflexión. «[…] me escapo de la red unos días, experimento en senderos desiertos lo que es estar fuera del sistema» 9. Y estas presas del voyerismo digital se convierten en parte del banóptico 10. No quieren ser parte del juego de una selección, de una criba socioeconómica que crea y elabora perfiles para ser vigilados. Aunque algunos fueron doblemente olvidados: por una parte por escapar de la cárcel de la vigilancia. Los locos no tienen patria, no tienen lugar, y hasta puede que ni nombre. Una vez se han atrevido a salir del cuarto con esa luz azul azufre que iluminan sus caras se convierten en presa del abandono. 

Se convierten en exiliados, refugiados y demandantes de un asilo físico, pero a la vez consiguen un escondite, un lugar dónde pueden tener un respiro, aire, libertad.

Los grupos y asociaciones ciberpunks nos ayudan a salir de nuestras habitaciones, hacen lo posible por guiarnos hacia el exterior, una vez allí nos acogen en lugares abandonados y escondidos para cuidarnos, informarnos y darnos consejos para esquivar al totalitarismo digital. 11

Y mientras tanto la vigilancia aérea ayudada del usuario voyeur surca el cielo. Los diferentes tipos de drones no hacen nada más que incordiar a los locos que pretender salir de la pesadilla de la vigilancia. Mientras que antes «Unos pocos observan a muchos», con los medios de comunicación de masas actuales, «muchos miran a unos pocos» 12. Ya no basta con sus sofisticadas cámaras, con grabar nuestros rostros, nuestros cuerpos y hacer barrido físico para sacarnos quiénes somos, de dónde venimos y geo-posicionar nuestra situación, ahora también nos informan, nos ponen música y nos convencen de que el camino no es lo físico (el analógico), que es mejor volver a nuestras ratoneras dónde decidimos escapar hace años. Ahora hemos sido convertidos en cuerpos informatizados, la «Integridad corporal» 13, nos miden. Somos cuerpos reducidos a simples datos.

³ La sociedad de la transparencia Byung-Chul Han p. 79. 
⁴ En el enjambre Byung-Chul Han p. 77.
⁵ En el enjambre Byung-Chul Han p. 80.
⁶ En el enjambre Byung-Chul Han p. 79.
⁷ M. Heidegger, Conferencias y artículos, cit., p. 154.